Universidat Pompeu Fabra. Grupo de investigación en Periodismo

Qué piensan los periodistas de su profesión

Los periodistas no están cómodos en su trabajo. Las tensiones económicas y políticas ponen en peligro la calidad de una actividad diaria que ellos mismos perciben como intervenida por algunos poderes políticos y económicos. Tampoco son condescendientes con sus compañeros. En general, los periodistas recelan de sí mismos. Así se pone de manifiesto en una amplia investigación sobre ética periodística llevada a cabo por el Grupo de Investigación en Periodismo y que se explica con mayor detalle en esta propia web.

Para empezar, dudan de los principios de la profesión. No existe la objetividad, aunque deban esforzarse por escribir con honestidad. Las fuentes informativas defienden sus intereses, buscan notoriedad pública y por eso hay que contrastar la información que ofrecen cuando sea posible. Las fuentes de las que más se fían los periodistas son las ONG’s y los científicos.

Pese a cierto desencanto, los periodistas todavía defienden algunos de los principios clásicos del oficio. No deben utilizarse medios ilícitos para obtener información y las noticias no deben mezclarse con las opiniones salvo – precisan - en algunos excepciones, como cuando informan presentadores de gran prestigio. También creen que en una noticia debe detallarse la nacionalidad, la etnia o la orientación sexual de un protagonista sólo si es imprescindible para comprenderla. Y que la presunción de inocencia de los acusados debe defenderse en todos los casos.

La profesión se mantiene por tanto en un cierto idealismo amenazado por los embates de las rutinas diarias. Por un lado creen que deberían resistir a las exigencias del poder político en su trabajo, aunque son conscientes de que no pueden evitar las presiones. Defienden por ejemplo que no deben ofrecer más información del gobierno que de la oposición ni entrevistar a un presidente del Gobierno cuando él lo solicite, pero sí que deben seguir al gobierno en política terrorista o durante las situaciones de emergencia. Tan grande es la contradicción alrededor del poder político que éste se considera uno de los problemas irresolubles de la profesión.

El periodismo depende a su vez de los patrocinadores y de los anunciantes, como todo el mundo sabe. Nada extraño si no fuera porque los periodistas explican que la influencia de estas empresas es excesiva en determinadas áreas, como la economía, los deportes o la cultura. Ellos mismos están bajo la presión directa de algunas empresas que, para conseguir su atención, les halagan con atenciones y regalos. Los periodistas son conscientes del riesgo que supone recibir determinados obsequios, y en general consideran que no corren peligro si el regalo se ofrece de forma igualitaria a otros compañeros de profesión, no sólo a uno o a unos pocos entre ellos.

También creen que deben difundir las ideas de cualquier protagonista de una noticia aunque esté en contra de la Constitución o de la religión mayoritaria, aunque se muestran completamente divididos en relación al trato informativo que se debe dar al terrorismo, un tema sensible en el que los periodistas abandonan su independencia puesto que la mayoría prefiere seguir las indicaciones gubernamentales. El resto se encona en la posición antagónica.

Pero también comparten algunas ideas claras. No se debe perseguir a los personajes públicos como realiza la llamada prensa del corazón, a la que en general no se considera auténtico periodismo. No hay que abusar de las imágenes de víctimas de tragedias salvo cuando se trata de mostrar las consecuencias del terror para aleccionar a los ciudadanos y, en general, se declaran permisivos con algunos usos de palabras o expresiones que puedan parecer de mal gusto.

La irrupción de los periodistas más jóvenes, formados bajo un sistema de información democrático, no hace sino empeorar la imagen que de sí misma tiene la profesión. Los recién llegados son más escépticos y mordaces, tienen en general menos reticencias y se declaran más alejados de las preocupaciones deontológicas. En el caso del aumento de la presencia de mujeres en las redacciones se da el efecto contrario: sus posiciones suelen estar más preocupadas por estas cuestiones profesionales. Con todo, el malestar no decae. La profesión seguirá a disgusto en su propia piel como, por otra parte, quizá sea necesario para mantener la tensión.